jueves, 28 de junio de 2012

tortugas


La característica más importante del esqueleto de las tortugas es que una gran parte de su columna vertebral está soldada a la parte dorsal del caparazón. El esqueleto hace que la respiración sea imposible por movimiento de la caja torácica; se realiza principalmente por la contracción de los músculos abdominales modificados que funcionan de modo análogo al diafragma de los mamíferos y por movimientos de bombeo de la faringe.2
El cráneo presenta características de un gran primitivismo. Aunque carecen de dientes, tienen un pico córneo que recubre su mandíbula, parecido al pico de las aves.
Al igual que todos los reptiles, las tortugas son animales ectotérmicos, lo que significa que su actividad metabólica depende de la temperatura externa o ambiental.
Las tortugas mudan la piel; sin embargo, a diferencia de los lagartos y serpientes, lo hacen poco a poco. También mudan o desprenden los escudos del caparazón, individualmente y aparentemente sin un orden determinado.
[editar]Caparazón


Organización de los escudos del caparazón de una tortuga.
El caparazón consta de dos regiones:
Espaldar: es la parte superior o dorsal (también llamado "caparazón"); está constituido por cinco hileras de placas; la central o neural, en posición media, flanqueada a cada lado por las hileras costales, que, a su vez están flanqueadas por las hileras marginales.
Plastrón: es la parte inferior o ventral (también llamado "peto").
Los caparazones de las tortugas están compuestos por gruesas placas óseas internas, que son osificaciones de la dermis que se sueldan a las vértebras y a las costillas; son una excepción las especies de la familia Trionychidae, en las que dichas placas están reducidas o son cartilaginosa (rica en calcio). Sobre estas placas óseas, viene uno de los siguientes revestimientos:
Piel especialmente consistente, casi coriácea (parecida al cuero).
Placas córneas de queratina, comparables a las escamas de los demás reptiles.
Escudos óseos cubiertos por una fina capa córnea ligeramente calcificada (sólo en el caso de las tortugas terrestres; es decir, la familia Testudinidae).
Las tortugas que presentan revestimiento cutáneo son las tortugas de caparazón blando (familia Trionychidae) y la tortuga nariz de cerdo (Carettochelys insculpata). También la tortuga marina laúd (Dermochelys coriacea) tiene revestimiento cutáneo pero fortalecido con numerosas láminas óseas pequeñas.
El resto de las tortugas tiene un caparazón formado por placas óseas con revestimiento de escudos queratinosos. Dichas placas no coinciden en número, posición ni tamaño con los escudos, y esto es lo que proporciona rigidez y solidez a ese tipo de caparazón.
Las tortugas no pueden quitarse el caparazón, tal como se muestra en algunos dibujos animados, porque la columna vertebral y las costillas están soldadas a éste. La estructura, forma y colorido del caparazón de las tortugas varía de una especie a otra.

Harriet, una tortuga de las Galápagos
El metabolismo de las tortugas es muy lento y, las especies acuáticas, pueden permanecer sin respirar durante mucho tiempo. En climas templados todas las especies hibernan regularmente.
La reproducción es ovípara y la incubación se realiza en nidos que ellas mismas excavan en la tierra, en donde el calor necesario es aportado por irradiación solar. Un caso especial es la primitiva tortuga terrestre asiática Manouria emys, que construye un nido de aproximadamente 50 cm de altura a base de tierra y hojas.
Es proverbial la extrema longevidad de las tortugas. Una de las tortugas que se conoce que vivió más es una tortuga de las Galápagos de Charles Darwin llamada Harriet; nació en 1830 y murió el 25 de junio de 2006 (vivió 175 años).
Hay tortugas de hábitat terrestre, marino y de agua dulce. También existen gran cantidad de especies con hábitats semi-acuáticos: pasan una parte del tiempo en tierra firme y otra parte en agua dulce. Las de hábitat terrestre presentan dedos libres, mientras que las de los hábitats acuáticos tienen las extremidades transformadas en aletas o bien los dedos unidos por una membrana.
[editar]Origen y evolución


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Proganochelys quenstedtii, la primera tortuga.


Chelodina longicollis, un pleurodiro, uno de los subórdenes actuales de tortugas.


Trachemys scripta elegans, es común verla como mascota.
A principios del periodo Triásico, hace 260 millones de años, apareció Captorhinus, un pequeño reptil de aproximadamente 60 cm de largo. Este pequeño animal fue el primer reptil en poseer un caparazón que cubría su tórax, órganos, y que además, cubría sus costillas. Esto hizo posible que algunos animales, como la tortugas, desarrollaran un caparazón de hueso. El testudino más antiguo que se conoce es Odontochelys, que vivió en Asia meridional en el Triásico, hace 220 millones de años, lo que supone que las tortugas sea uno de los grupos de reptiles más antiguos y, por supuesto, mucho más antiguos que los lagartos y serpientes. Era acuática, y poseía un plastrón bien definido, pero el espaldar era primitivo. La siguiente tortuga fue Proganochelys (antes Triasssochelys), que vivió en el Triásico superior de Eurasia hace unos 210 millones de años.2 Era una tortuga primitiva, con un caparazón parecido al de las especies actuales, pero poseía aún dientes en el paladar; la cabeza, cola y patas no podían retraerse dentro del caparazón, pero estaban protegidas por espinas.
Originalmente, las tortugas eran terrestres; 100 millones de años después de su aparición, algunas evolucionaron para ser acuáticas y 50 millones después evolucionaron para ser marinas. Se puede decir que las tortugas marinas evolucionaron de líneas de descendientes por más de 80 millones de años.[cita requerida]


Las tortugas son inofensivas hacia las personas. Por lo general son tímidas y recurren a esconderse dentro de su carapacho. Aunque demuestran mucha timidez, no nos atacan, no debemos agarrarlas con las manos. Son capaces de morder y cuando muerden, cortan como tijeras. Las patas terminan en dedos, que pueden tener pezuñas capaces de producir arañazos muy dolorosos.



Con la muerte del Solitario Jorge, el mundo perdió al último sobreviviente de una subespecie y Ecuador al gran símbolo de las islas Galápagos. Pero don Fausto Llerena perdió a su mejor amigo.
Durante tres décadas, Llerena fue el cuidador principal de la tortuga gigante de más de 100 años, último sobreviviente de la subespecie Chelonoidis Abingdoni. Y su devoción al solitario Jorge y a la conservación fue reconocida incluso en el nombre del centro donde habitaba el quelonio, el Centro de Crianza de Tortugas Gigantes Fausto Llerena, en la isla Santa Cruz.
El pasado domingo, cuando el guardaparque de 72 años fue a visitar a su amigo, como solía hacer incluso en sus días libres, notó que no fue a recibirlo como siempre y lo halló muerto en un sitio en su corral.
Yo estuve cuidándolo desde el año 1983, siempre venía a dar el encuentro", dijo Llerena a BBC Mundo.
El solitario Jorge tenía una "personalidad compleja", y sólo "aceptaba hasta tres personas en su corral a un mismo tiempo, si no, se retiraba. Si estaba yo solo era cuando se quedaba más tiempo".
"Yo sentía mucho afecto por él, incluso lo iba a visitar los fines de semana. Venía a mi encuentro, se paraba enfrente y estiraba el cuello y abría la boca. Y ahí se quedaba parado con la boca abierta un buen momento, con la mirada fija, sin parpadear, como si quisiera decirme algo".
"Yo lo acariciaba en la cabeza, le daba unas palmaditas y él estiraba más el cuello, y cuando yo salía del corral él se iba al lugar donde descansaba".
Para Llerena, cuando subía la cabeza y estiraba el cuello, el solitario Jorge "quería comunicar un saludo, darme la bienvenida, como si me preguntara, ¿cómo estás?".

¿QUÉ TE PASA?

El cuidado de la tortuga incluía la limpieza del corral y la laguna donde se bañaba, así como proveer su dieta de vegetales como porotillo y otoy.
Llerena cuidó al solitario Jorge las dos veces en que la tortuga gigante sufrió quebrantos de salud. "Una vez estaba más lento, no se movía, y yo le decía, ¿qué te pasa? Y él sólo alzaba la cabeza y miraba". En una primera ocasión un episodio de indigestión fue curado con papaya. "Le dimos primero un cuarto de papaya, luego una mitad y finalmente una entera hasta cuando estaba bien y se suspendió la papaya".
"Otra vez se le cayo una uña. No se movía, fui a verlo y tenía inflamado el brazo. Los veterinarios le pusieron unas inyecciones y ya se compuso".
La fascinación de Llerena con las tortugas comenzó a los 12 años, cuando el guardaparque, que había nacido en la provincia de Tungurahua, en el centro del país, llegó por primera vez con su familia a Galápagos.
"Mi ambicion era tener una tortuga en mi casa, en aquellos tiempos no había todavía un parque nacional. Yo traje una tortuga y la tuve en mi casa 20 años, hasta que se escapó del corral".
 
El Solitario Jorge había sido hallado en el 72 en la Isla Pinta. Foto: Gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos
Llerena conoció al solitario Jorge desde que fue rescatado en 1972 en la isla Pinta, durante una misión para remover cabras, una especie introducida por el hombre que devastó el hábitat de las tortugas.
Se cree que en el pasado existieron cerca de 300.000 tortugas gigantes en las Galápagos, pero fueron diezmadas por piratas que las cazaban por su carne y que introdujeron especies depredadoras.
Desde que fue hallado en la Pinta, Jorge integraba el programa de crianza en cautiverio del Parque Nacional Galápagos, pero no logró dejar descendencia.
"Yo siempre tuve en mi pensamiento que alguna vez se iba a morir pero no se sabía cuando, siempre estaba pensando en eso. Tenía la esperanza de que dejaría un descendiente de él pero no fue así", dijo Llerena a BBC Mundo.
Los científicos batallaron para evitar la extinción de la subespecie a la que pertenecía la tortuga gigantes y se intentó cruzarlo con hembras de características genéticas similares, como las de la especie del volcán Wolf en la isla Isabela.
Pero la tortuga se tomó su tiempo. Sólo después de 15 años de contacto con las hembras Jorge se apareó con una de ellas, pero los huevos no fueron fértiles.

EL LEGADO DE JORGE

El solitario Jorge murió sin dejar descendencia, pero no sin dejar un gran legado para la lucha por la conservación de especies.
"Hay que ser fuerte y continuar con el mismo ánimo nuestro trabajo porque aquí hay muchas tortugas, tenemos 70 adultas y más de mil pequeños, entonces no tenemos que decaernos. Tenemos que coger más fuerza porque tenemos más especies que recuperar. No están perdidas todavía pero si nos descuidamos puede suceder algo grave con esas especies, todavía están en peligro".
Llerena cree que la muerte del solitario Jorge es una perdida no sólo para Ecuador sino para todo el mundo y tiene un mensaje especialmente para la juventud. "Tenemos que tener más conciencia sobre las especies naturales, especialmente aquí en Galápagos".
El guardaparque no oculta su sensación de soledad. "Yo le tenia mucho cariño, la primera visita al centro siempre era a él, y ahora ya no hay quien reciba".
"Siento como que se ha ido el mejor amigo, hay un vacío y me da mucha pena, especialmente cuando veo las fotos. En mi corazón es como que no estoy convencido que se ha muerto".
"Pero hay que resignarse y seguir adelante y tener al solitario Jorge siempre en el corazón y en el pensamiento toda una vida"..